4 grandes errores de la Universidad pública española ante la COVID

Llegó el coronavirus, se le hizo poco caso, y el 16 de marzo de 2020 se ordena el confinamiento de la población y con ello la imposibilidad de dar clases presenciales en las universidades españolas.

De la noche a la mañana (bueno, para ser más precisos fue de un sábado a un lunes) las universidades ponen sus recursos de enseñanza en línea a toda marcha para que toda la docencia pase al modo virtual. Lo que se consiguió fue un parche, un apaño temporal, que poco o nada tiene que ver con la formación en línea (eLearning) y que ha llegado a ser llamado Enseñanza Remota de Emergencia (más información aquí: https://www.theflippedclassroom.es/diferencias_eseonline/).

Ha pasado el tiempo y la situación de la pandemia no mejora, con lo que las universidades están tomando una serie de decisiones cuyas implicaciones tendrán un efecto incierto.

Dentro de este contexto hay al menos 4 grandes actuaciones que pueden considerarse grandes errores de la mayoría de las universidades públicas españolas:

  • La decisión de trasladar toda la docencia el espacio virtual asumía que tanto estudiantes como docentes disponían de los recursos tecnológicos necesarios. Más de un docente y muchos estudiantes se vieron impotentes porque no disponían de equipos informáticos o conexión a Internet.
  • No se distinguió entre grados, ni entre niveles. No es lo mismo dar una clase de histología que de historia del románico, por mucho que empiecen por “histo”. Incluso más, no es lo mismo una clase de Máster en bioética que una clase de bioética en un Grado.
  • Se asumió que tanto docentes como estudiantes tenían un nivel de competencia tecnológica suficiente. Esto no es cierto ni en un caso, ni en otro.
  • Pensar que dar la clases por Internet es trasladar las clase presencial a lo virtual, sin necesidad de cambiar ni el curriculum, ni la metodología didáctica.

Este último error parece que perdura. El ejemplo más claro es que en gran parte de universidades se han implantado webcams en las aulas, apuntando al docente (aunque se pueden cambiar de posición manualmente). Además, se informa de que si no hay sitio para todo el alumnado en el aula, que sigan la clase desde otras aulas, o desde su casa, por videconferencia. Está claro qué entiende la Universidad por dar una clase universitaria: un monólogo de una persona, dirigido a un grupo de personas que toman apuntes para después regurgitar dichos apuntes en una prueba calificatoria.

Lo que debemos tener claro es que las universidades, como cualquier institución, no es más que el conglomerado de personas que trabajan en ella. En última instancia, son las personas que toman las decisiones sobre qué debe hacer la Universidad las responsables de lo que suceda. Por tanto, deberíamos pedir responsabilidades a personas con nombres y apellidos, y no a la “institución” en abstracto.

Las universidades no están preparadas para la vuelta a clase

La Universidad en general no está preparada para el próximo curso. Es la experiencia del sitio donde trabajo y de colegas de otros lugares. Es inviable una enseñanza basada sólo en conferencias online, y en talleres presenciales con la mitad del grupo y la otra mirando desde otro sitio.

1 de agosto de 2020

La Universidad en general no está preparada para el próximo curso. Es la experiencia del sitio donde trabajo y de colegas de otros lugares. Es inviable una enseñanza basada sólo en conferencias online, y en talleres presenciales con la mitad del grupo y la otra mirando desde otro sitio.

Aquí dejo tres enlaces al blog del profesor Ángel Fidalgo tratando este asunto.

Se necesita un cambio de metodología y esto no se está haciendo. En general, la Facultades de Educación deberían llevar el timón de todo esto. Se supone que es donde están los expertos en Educación. Sin embargo, ¿dónde están? ¿Qué está pasando con estas Facultades para que a penas haya ninguna Universidad donde se están poniendo al mando?

Big Data: una posible revolución en educación (V)

La nueva organización de contenidos

Este post no trata específicamente sobre el Big Data sino sobre cómo intuimos que podría ser la organización del sistema formativo si se utilizan adecuadamente las nuevas tecnologías. Espcialmente las siguientes tecnologías:

  • La distribución de contenidos y recursos en Internet.
  • Inteligencia artificial aplicada al desarrollo curricular.

 

Los contenidos están en Internet

El primer factor es que actualmente, casi todo el conocimiento de la humanidad está en Internet. De hecho, casi cualquier contenido puede encontrarse en distinto medio (texto, audio, vídeo) expuesto para que pueda ser comprendido por usuarios con distintas capacidades: personas con formación universitaria, con formación básica, sin estudios previos, etc., y en diferentes idiomas.

Estos contenidos se organizan como la propia red, con nodos donde se almacenan y con conexiones que vinculan unos nodos con otros. No es necesario que la institución educativa se preocupe por almacenar todo el contenido en sus bibliotecas. Basta con que aporte a la red en la medida que sus recursos lo permitan, para seguir enriqueciéndola. De esta forma, una Universidad o un colegio se pueden convertir en nodos que articulen la parte de contenidos que su hardware les permita.

 

El diseño curricular

Con la utilización masiva de datos será posible diseñar circuitos formativos muy específicos y adaptados a la persona (ver post previo) o por lo menos a pequeños grupos muy homogeneos de estudiantes. Para lograr la secuencia de contenidos y tareas que estructuran los diseños curriculares se puede recurrir a algoritmos de evaluación y diagnóstico. Desde hace tiempo se utilizan algoritmos con esta finalidad, por ejemplo en los Test Adaptativos Computerizados (ejemplo). No obstante, en el futuro éstos serán mucho más eficaces.

Los nuevos algoritmos permitirán dirigir a un alumno desde un contenido (con una determinada dificultad, determinadas características de presentación, extensión, profundidad, etc.) a otro, en función de la interacción de dicho estudiante con el propio contenido, las actividades asociadas al contenido, los recursos consultados de forma complementaria, el tiempo dedicado, el lugar desde donde ha realizado las actividades, el soporte tecnológico utilizado, la interacciones sociales mantenidas en la red con otros agentes, etc.

Esta derivación de un contenido a otro se produce gracias a las conexiones entre nodos. Como cultura general, podemos recordar que un grafo se componen de vértices (nodos) y de aristas (conexiones entre vértices). De esta forma, el diseño de circuitos curriculares en Internet puede realizarse desde la teoría de Grafos.

Por su parte, el proceso lógico de derivación es relativamente sencillo. Lo hemos representado en la siguiente imagen.

Derivacion_alumnos

 

El docente

En la era de Internet los estudiantes no están limitados por los recursos de su institución. Si disponen de conexión a la red, dispondrán de todo el contenido que necesitan en la versión que mejor se ajusta a sus necesidades. En este sentido, el docente se convierte en un orientador y en un filtrador de contenidos. El docente, en equipo, debe tratar de apoyar al alumno en el acceso a los contenidos, así como vigilar que dichos contenidos no están viciados ni sesgados ideológicamente.

Es imposible que los docentes filtren todo la información de la red antes de que su alumnado acceda a ella. Por tanto, los docentes se convertirán sobre todo en tutores que den directrices sobre las características que deben tener las fuentes de información así como de las características en que se deben presentar y consumir los propios contenidos.

Podría decirse que el docente debe asumir la orientación del alumnado en la tarea de cómo acceder e identificar al contenido. Es decir, adoptar el rol de “curadores” de contenido (ver más sobre esto AQUÍ). Además, el orientador de centro cambia tambia también su papel. No tendrá sentido el proceso de diagnóstico educativo sin incoporar las acciones específicas de gestión de recursos humanos en el entorno digital.

¿En la Univeridad se debe evaluar el proceso o el resultado?

¿Qué debe evaluarse en la Universidad con relación al alumnado? Desde mi punto de vista este debate no está cerrado. En mi experiencia encuentro docentes que defienden una evaluación del proceso (incluyendo el esfuerzo) y otros que prefieren centrarse en el resultado.

Igualmente, entiendo que la propia organización de las asignaturas, con exámenes finales y fechas explícitas para ello, fomentan una valoración del resultado por encima del proceso.

En cualquier caso, entiendo que esta cuestión depende de múltiples factores y que posiblemente no haya una única respuesta.

Para ilustrar el tema he encontrado este vídeo en youtube: