El secreto para una transición eficiente a la enseñanza en línea en tiempo Covid

La situación actual de los centros formativos es de una tensión contenida. Durante el estado de confinamiento, los centros pasaron a la enseñanza de emergencia en remoto, cambiando lo presencial por los virtual. Así, una clase magistral se convirtió en una videoconferencia, y las actividades de bolígrafo y papel, en tareas de la plataforma de teleformación disponible.

La pregunta que surge en todo esto es ¿hasta qué punto lo que se ha hecho por Internet tienen el mimo efecto que el plan original presencial? Esta cuestión es fundamental para tener claro el reto al que se enfrentan los centros formativos.

Una vez pasado lo peor del confinamiento, cada colegio se está organizando en la medida de lo posible para continuar con su actividad. Además, los continuos rebrotes están obligando a mezclar la enseñanza virtual con la presencial. Tras algunos meses afrontando esta difícil situación, con cierto tiempo para haber reflexionado y tomado decisiones, los centros escolares deberían tener preparadas las programaciones docentes de forma que garanticen la consecución de los objetivos educativos independientemente de la modalidad de clase que se tenga que seguir.

Para poder garantizar que la enseñanza va a obtener los resultados pretendidos, independientemente del modelo utilizado (presencial, vitual, o una combinación de ambos) el secreto está en tener siempre como referente los objetivos educativos marcados por la programación docente.

Es decir, los centros deben asegurar que el impacto educativo de la modalidad presencial (A) debe ser igual que el impacto de la modalidad virtual (B) y que esta a su vez, debe ser igual que el impacto de la versión mixta (C). Siendo C la modalidad donde se combinan los efecto A y B

A=B=C;

A=B=(A*B)

Por tanto, el plan formativo de cualquier centro deberá tener recogidas aquellas actividades y acciones, que garanticen iguales efectos independientemente de la modalidad en función de los objetivos educativos establecidos.

La única forma de garantizar esto, es que el plan formativo se soporte sobre una sólida base de evidencias. Las actividades, cuando se realizan y en qué forma se realizan deben haber sido elegidas y organizadas según los resultados obtenidos por la investigación empírica y la experiencia demostrable. Además, todo ello debe estar contemplado en un modelo educativo coherente, implementado en el centro, que permita dar sentido a todo el entramado psicopedagógico. Si no es así, se corre el riesgo de un devenir donde cualquier efecto positivo sea inexplicable y resultado del azar.

4 grandes errores de la Universidad pública española ante la COVID

Llegó el coronavirus, se le hizo poco caso, y el 16 de marzo de 2020 se ordena el confinamiento de la población y con ello la imposibilidad de dar clases presenciales en las universidades españolas.

De la noche a la mañana (bueno, para ser más precisos fue de un sábado a un lunes) las universidades ponen sus recursos de enseñanza en línea a toda marcha para que toda la docencia pase al modo virtual. Lo que se consiguió fue un parche, un apaño temporal, que poco o nada tiene que ver con la formación en línea (eLearning) y que ha llegado a ser llamado Enseñanza Remota de Emergencia (más información aquí: https://www.theflippedclassroom.es/diferencias_eseonline/).

Ha pasado el tiempo y la situación de la pandemia no mejora, con lo que las universidades están tomando una serie de decisiones cuyas implicaciones tendrán un efecto incierto.

Dentro de este contexto hay al menos 4 grandes actuaciones que pueden considerarse grandes errores de la mayoría de las universidades públicas españolas:

  • La decisión de trasladar toda la docencia el espacio virtual asumía que tanto estudiantes como docentes disponían de los recursos tecnológicos necesarios. Más de un docente y muchos estudiantes se vieron impotentes porque no disponían de equipos informáticos o conexión a Internet.
  • No se distinguió entre grados, ni entre niveles. No es lo mismo dar una clase de histología que de historia del románico, por mucho que empiecen por “histo”. Incluso más, no es lo mismo una clase de Máster en bioética que una clase de bioética en un Grado.
  • Se asumió que tanto docentes como estudiantes tenían un nivel de competencia tecnológica suficiente. Esto no es cierto ni en un caso, ni en otro.
  • Pensar que dar la clases por Internet es trasladar las clase presencial a lo virtual, sin necesidad de cambiar ni el curriculum, ni la metodología didáctica.

Este último error parece que perdura. El ejemplo más claro es que en gran parte de universidades se han implantado webcams en las aulas, apuntando al docente (aunque se pueden cambiar de posición manualmente). Además, se informa de que si no hay sitio para todo el alumnado en el aula, que sigan la clase desde otras aulas, o desde su casa, por videconferencia. Está claro qué entiende la Universidad por dar una clase universitaria: un monólogo de una persona, dirigido a un grupo de personas que toman apuntes para después regurgitar dichos apuntes en una prueba calificatoria.

Lo que debemos tener claro es que las universidades, como cualquier institución, no es más que el conglomerado de personas que trabajan en ella. En última instancia, son las personas que toman las decisiones sobre qué debe hacer la Universidad las responsables de lo que suceda. Por tanto, deberíamos pedir responsabilidades a personas con nombres y apellidos, y no a la “institución” en abstracto.

Las universidades no están preparadas para la vuelta a clase

La Universidad en general no está preparada para el próximo curso. Es la experiencia del sitio donde trabajo y de colegas de otros lugares. Es inviable una enseñanza basada sólo en conferencias online, y en talleres presenciales con la mitad del grupo y la otra mirando desde otro sitio.

1 de agosto de 2020

La Universidad en general no está preparada para el próximo curso. Es la experiencia del sitio donde trabajo y de colegas de otros lugares. Es inviable una enseñanza basada sólo en conferencias online, y en talleres presenciales con la mitad del grupo y la otra mirando desde otro sitio.

Aquí dejo tres enlaces al blog del profesor Ángel Fidalgo tratando este asunto.

Se necesita un cambio de metodología y esto no se está haciendo. En general, la Facultades de Educación deberían llevar el timón de todo esto. Se supone que es donde están los expertos en Educación. Sin embargo, ¿dónde están? ¿Qué está pasando con estas Facultades para que a penas haya ninguna Universidad donde se están poniendo al mando?

#Covid y retos de la escuela

Tenemos que ser conscientes de que ningún sistema educativo estaba preparado para la situación que ha vivido con la covid19. Hemos estado ante lo que algunos han denominado “enseñanza-aprendizaje remota de emergencia“. Sin embargo esto no es igual a la enseñanza online. La enseñanza online está planificada previamente y pensada para utilizarse en un sistema tecnológico concreto. Lo que ha ocurrido estos meses ha sido un “hagamos lo que podamos”.
Para que se pase de un “hagamos lo que podamos” a una enseñanza realmente online, debería tenerse en cuenta los siguientes aspectos:
– Los docentes y gestores deben formarse en tecnología online.
– Evitar replicar las clases presenciales en ambientes virtuales.
– Establecer horarios y agendas cerradas para la conexión.
– Motivar al alumnado para evitar el abandono y el retraso. Para ello se puede usar el correo electrónico, videos personales, correo ordinario, teléfono, etc.

En este “lío” un aspecto básico ha sido el seguimiento y la evaluación continua. Pero la evaluación continua, no es simplemente poner un examen muy frecuentemente. Las plataformas virtuales, ayudan a recoger infinidad de datos, que se convierten en la auténtica fuente para realizar un seguimiento, una monitorización, y por lo tanto una evaluación continua del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Dentro de este contexto, han surgido una serie de retos importantes, entre los cuales destacamos:
– La enseñanza online no puede sustituir nunca a la enseñanza presencial, en todo caso la puede complementar. Los aspectos de interacción social son básicos, principalmente en los niveles más inferiores de la enseñanza formal. No se puede renunciar por la tanto a la interacción social presencial. Por tanto, el reto es combinar ambas realidades de forma eficiente.
– Ha surgido una gran amplia oferta de software y aplicaciones web para hacer frente a la situación de la covid 19 en enseñanza. Sin embargo, esta gran cantidad de recursos tecnológicos, en lugar de diversificar la oferta, ha producido un efecto de dispersión y distracción con relación a la esencia de la acción formativa. Por tanto, el reto está en dar sentido a los recursos tecnológicos.

Además, a toda esta situación hay que añadir la realidad de la brecha digital. En realidad no sólo una brecha, sino al menos tres:
– Brecha de acceso: no todo el alumnado dispone de recursos técnicos de suficiente calidad. Incluso cuando los hogares disponen de Internet, no siempre se pueden permitir el acceso de los estudiantes durante todo el tiempo que necesitan.
– Habilidades tecnológicas del docente: cabe recordara que estudios como los de PISA han puesto de manifiesto que los centros privados y concertados presentan mayores habilidades TIC de sus docentes que los centros públicos.

– Recursos del centro: disponibilidad de recursos básicos, como una plataforma de teleformación eficiente.

Conferencia (webinar): tendencias de la innovación educativa frente al covid19

El pasado 7 de abril (2020) participamos en una serie de conferencias organizadas por RecetasTIC (Perú) sobre los retos de la Educación frente al Coronavirus. Amablemente me invitaron a participar con una conferencia donde hablamos las posibilidades de la Teoría del Cambio y del Análisis de la Contribución para el desarrollo de innovaciones educativas. En este enlace está la conferencia en línea: https://youtu.be/My2QEG17HHM

La presentación que se utilizó está disponible en https://hdl.handle.net/10630/19468