Evaluación de la actividad docente

La evaluación de la actividad docente del docente universitario es parte consustancial de la evaluación institucional, que en última medida, trata de conseguir la mejorar de la calidad educativa (Tejedor y Jornet 2008). En este sentido, la mayoría de las universidades presentan la evaluación de sus docentes como un procedimiento formativo en busca de la excelencia. Sin embargo, el procedimiento elegido para la evaluación de dicha actividad es fuente de continuas críticas. En este sentido, la Universidad en general, no logra escapar a una visión reduccionista de la evaluación, lo que impide desarrollar políticas de calidad donde esté implicado activamente el docente (Escudero, Pino y Rodriguez, 2010).

Un aspecto básico es que la evaluación de la actividad docente requiere una definición clara de en qué consiste la docencia universitaria y esto está mediado directamente por el tipo de asignatura, sus contenidos y su ajuste dentro del grado. Además, la calidad de la docencia está estrechamente ligada a la propia acción docente. Por tanto, la calidad de la docencia es inseparable a la acción docente y ésta depende de la realidad contextual de la docencia. Esta realidad contextual viene determinada por la institución universitaria, y dentro de ella por la realidad de la Facultad donde se lleva a cabo, las características del Grado, así como las características de la asignatura, incluyendo contenido, horarios, recursos materiales, articulación con otras asignaturas, características personales del docente, recursos tecnológicos, características del alumnado como grupo (cultura del grupo), etc.

Todo esto hace que la evaluación de la actividad docente deba afrontarse como una tarea compleja (Loor, Gallegos, Intriago y Guillén, 2017). Sin embargo, como se ha apuntado anteriormente, en la actualidad la evaluación de la actividad docente se limita a administrar un cuestionario al alumnado para recoger su opinión sobre distintos aspectos de la docencia del profesorado. Aunque las unidades de calidad de las universidades han hecho un esfuerzo ímprobo para mejorar, en la mayoría de los casos se han limitado a cambiar de cuestionario. Sin embargo, esto no supone el cambio necesario para potenciar el mecanismo transformador que debería ser la evaluación de la actividad docente.

Por tal razón, es necesario buscar vías alternativas, desde una aproximación vinculada a la complejidad del fenómeno, que realmente ofrezcan un sistema eficiente y eficaz de mejora institucional en busca de la excelencia a través de la mejora de la calidad que necesita o necesite cada realidad. Entendiendo por realidad el entorno más cercano al grupo formado por alumnado y docentes.

Referencias

Escudero, T., Pino, J.L. & Rodríguez Fernández, C. (2010). Evaluación del profesorado universitario para incentivos individuales: Revisión metaevaluación. Revista de Educación, 351, 513-537.

Loor, K., Intriago, M., Gallegos, M., & Guillen, X. (2017). La evaluación del profesorado universitario: tendencias en Iberoamérica. EducacióN MéDica Superior, 32(1). Recuperado de http://www.ems.sld.cu/index.php/ems/article/view/1279/635

Tejedor, F., & Jornet, J. (2008). La evaluación del profesorado universitario en España. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 10, 1-29

Tareas de aprendizaje

Diseño de tareas de aprendizaje

Para iniciar el diseño de una tarea académica como es enseñar, es necesario determinar el objetivo que se pretende con dicha tarea, así como identificar las diferentes habilidades que se desarrollarán o necesitará el alumnado para realizarlas. Para organizar estos objetivos es recomendable utilizar un esquema que facilite la labor del docente. En este sentido, las distintas teorías procedentes de la Psicología de la Educación son especialmente útiles. Una de las propuestas más recurrentes es la llamada “taxonomía de Bloom” (ilustración 1).

Leer más “Tareas de aprendizaje”

El docente no es un “todolosabe”

Es habitual escuchar que tal o cual profesor parece tener miedo de que su alumnado descubra que no tiene respuesta para todo. Pero es imposible saberlo todo y saber de todo. El docente no puede ser un transmisor de información, no puede competir con Internet, ni con las redes sociales, ni siquiera con la gente normal y corriente de la calle. El papel del docente es el de diseñar un plan para que la alumnado no le resulte difícil aprender. Por tanto, es un orientador o facilitador del aprendizaje, en ningún caso un transmisor de todo el conocimiento.

Pero ¿qué significa ser un facilitador? pues que el alumnado adquiere gran parte del conocimiento a través de diversas fuentes que el docente sugiere (o establece) y a través de los procedimientos de estudio que el docente considere más adecuados para cada alumno en concreto. El docente facilitador dedica gran parte de las clases a que el alumnado sea capaz de comprender los conceptos más complejos, no a exponer todo el contenido de un tema o de una asignatura.

Así, entre las tareas del docente facilitador están las siguientes:

  • Establecer un listado de documentos (textos, pero también vídeos, páginas web, podcast, etc.) que el estudiante puede usar como material básico para aprender nuevos conceptos y procedimientos.
  • Enseñar métodos de estudio y aprendizaje que faciliten el trabajo del alumno.
  • Proponer actividades que faciliten al alumno la asimilación de los contenidos y su dominio en todos los niveles de aprendizaje (conceptual, aplicado, crítico, evaluativo, etc.).
  • Motivar al alumnado para que busque más información por los temas tratados en clase.
  • Desarrollar la función crítica entre el alumnado para que con la práctica, sean autónomos en el proceso de aprendizaje.

Esto hace que el docente facilitador no trabaje menos que un transmisor. De hecho, aunque las horas de dedicación de uno y otro pueden ser similares (cosa que dudo) el docente facilitador sólo consigue sus objetivos si se auto-exige altos niveles de compromiso con su profesión.

La enseñaza de calidad

Después de leer algunos manuales sobre enseñanza, y algunos años de experiencia, uno llega a la conclusión de que no existen recetas mágicas para tener éxito como profesor. Sin embargo, los docentes de éxito sí parecen coincidir en algunas cuestiones. Estas cuestiones las recoge brillantemente Brauer (2013) y se pueden resumir en los siguientes apartados:

Leer más “La enseñaza de calidad”

La investigación en Educación

Una queja habitual del alumnado de las Ciencias de la Educación es que no encuentran utilidad a las asignaturas de investigación. Es algo curioso cuando comprobamos que la mayoría de las asignaturas de los grados de Educación (Pedagogía, Magisterio, Psicopedagogía, Educación Social y otras afines) suelen incluir trabajos de investigación como parte de sus prácticas. Evidentemente algo falla en el sistema cuando esto sucede.

Leer más “La investigación en Educación”