El secreto para una transición eficiente a la enseñanza en línea en tiempo Covid

La situación actual de los centros formativos es de una tensión contenida. Durante el estado de confinamiento, los centros pasaron a la enseñanza de emergencia en remoto, cambiando lo presencial por los virtual. Así, una clase magistral se convirtió en una videoconferencia, y las actividades de bolígrafo y papel, en tareas de la plataforma de teleformación disponible.

La pregunta que surge en todo esto es ¿hasta qué punto lo que se ha hecho por Internet tienen el mimo efecto que el plan original presencial? Esta cuestión es fundamental para tener claro el reto al que se enfrentan los centros formativos.

Una vez pasado lo peor del confinamiento, cada colegio se está organizando en la medida de lo posible para continuar con su actividad. Además, los continuos rebrotes están obligando a mezclar la enseñanza virtual con la presencial. Tras algunos meses afrontando esta difícil situación, con cierto tiempo para haber reflexionado y tomado decisiones, los centros escolares deberían tener preparadas las programaciones docentes de forma que garanticen la consecución de los objetivos educativos independientemente de la modalidad de clase que se tenga que seguir.

Para poder garantizar que la enseñanza va a obtener los resultados pretendidos, independientemente del modelo utilizado (presencial, vitual, o una combinación de ambos) el secreto está en tener siempre como referente los objetivos educativos marcados por la programación docente.

Es decir, los centros deben asegurar que el impacto educativo de la modalidad presencial (A) debe ser igual que el impacto de la modalidad virtual (B) y que esta a su vez, debe ser igual que el impacto de la versión mixta (C). Siendo C la modalidad donde se combinan los efecto A y B

A=B=C;

A=B=(A*B)

Por tanto, el plan formativo de cualquier centro deberá tener recogidas aquellas actividades y acciones, que garanticen iguales efectos independientemente de la modalidad en función de los objetivos educativos establecidos.

La única forma de garantizar esto, es que el plan formativo se soporte sobre una sólida base de evidencias. Las actividades, cuando se realizan y en qué forma se realizan deben haber sido elegidas y organizadas según los resultados obtenidos por la investigación empírica y la experiencia demostrable. Además, todo ello debe estar contemplado en un modelo educativo coherente, implementado en el centro, que permita dar sentido a todo el entramado psicopedagógico. Si no es así, se corre el riesgo de un devenir donde cualquier efecto positivo sea inexplicable y resultado del azar.

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