¡Qué nadie se entere!: el corporativismo ante los escándalos académicos y científicos

El fraude científico no es nuevo, afectando por igual a todas las disciplinas científicas. El sistema universitario y el rol proteccionista de las instituciones está fomentando estos episodios.

Los fraudes en la ciencia por un uso interesado o malicioso no son nada nuevo. Desde el famoso caso del hombre del Piltdown hasta los trabajos de Yoshihiro Sato, pasando por las mentiras de Paolo Macchiarini o los apaños de Andrew Wakefield contra las vacunas, son cientos los casos de fraude, manipulación y mentira que se dan en la ciencia. Tanto es así que “los estudiados” han bautizado esto como “fake science“.

No pensemos que esto se da sólo en el ámbito anglosajón. Sin ir más lejos, en España se cuenta también con un número destacado de investigadores que están bajo sospecha. Por ejemplo, en el cuadro siguiente se pueden ver algunos de los autores españoles con artículos retirados una vez publicados en alguna revista de prestigio. Esta retirada de artículos tras su publicación, es un indicador de posible fraude, quizás no es el indicador más fiable, pero suele orientar hacia aquellos equipos de moral científica relajada.

Fuente: http://www.manzanaspodridas.com/spanish-leaderboard/ (consultado en enero de 2020)

Ante todo esto uno esperaría que las instituciones académicas y de investigación tomasen una postura clara y radical para atajar el problema… Pues no, todo lo contrario. Asistimos una y otra vez a un ejercicio de corporativismo y defensa del defraudador que roza la indecencia y la inmoralidad.

Asistimos una y otra vez a un ejercicio de corporativismo y defensa del defraudador que roza la indecencia y la inmoralidad

Ejemplo de esto último es el caso que de López Otín. Este bioquímico ha visto como le retiraban 10 de sus artículos (ver cuadro anterior) de revistas como Nature por por fraude científico en la manipulación de imágenes de electrotransferencia de forma malintencionada. En el post de Francis Villatoro de 1 de mayo de 2019 se explica de forma breve en qué ha consistido el fraude y cómo las instituciones que lo financiaron y acogen no han tomado medida disciplinaria alguna.

Un año más tarde, en la tertulia de Coffee Break, donde también participa Francis Villatoro, se vuelve a comentar la inacción de las autoridades e instituciones un año más tarde.

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La tertulia comenta el caso de López Otín a partir del minuto 7.

Pero aún hay más, como decían en unos famosos dibujos animados o cartoons de los años 70, y es que cualquiera diría que esto sólo pasa en la Ciencia de verdad (en la física, la astronomía, la medicina, la biología, la química, etc.). Por desgracia, no es así. Lo que ocurre es que en estos campos es más notorio pero no creo que haya más ni menos que en otros campos, tales como las Ciencias Sociales o las Humanidades.

En el caso de los fraudes en Ciencias Sociales, lo que sucede es que su impacto mediático es menor en comparación con relación los de Medicina o Bioquímica, porque sus consecuencias son bastante menos visibles. Por ejemplo, en Sociología no se ha producido ninguna clonación de ovejas, o en Derecho no se estudia cómo controlar el crecimiento disfuncional de células (por mucho que algunos letrados lo quisieran).

Los fraudes en Ciencias Sociales tienen menos impacto mediático porque sus consecuencias son bastante menos visibles pero igual de graves.

Sin embargo, los bulos generados a partir de resultados erróneos, o por la mayor de las malintenciones, tienen efectos que pueden manifestarse años más tarde con toda virulencia. Por ejemplo, el efecto Mozart no existe, y sin embargo es imposible no encontrarse con quien lo defiende. Por ejemplo, escribamos en Youtube “Efecto Mozart” y tendremos horas y horas de música que se presentan como potenciadores de dicho efecto.

El efecto Mozart no existe, y sin embargo es imposible no encontrarse con quien lo defiende.

Otro ejemplo es el de la publicidad subliminal. Es famoso el experimento de James Vicary que sin embargo, parece ser más una treta publicitaria del propio Vicary que un estudio científico con resultados replicables, tal como comenta Raquel Pico.

Un tercer hecho curios es el que rodea a las “inteligencias múltiples”. El caso es que Howard Gardner propuso las inteligencias múltiples sólo como una suerte de heurístico para organizar el proceso educativo y formativo (ver este post). Sin embargo, y tal como admite el propio Gardner en algunos de sus escritos y entrevistas, no existe una base empírica que apoye la idea de que las personas tengan ocho tipos de inteligencias o estructuras psicobiológicas distintas para cada una de esas inteligencias. Sin embargo, en base a esta teoría (que por otro lado no es nada novedosa) muchos investigadores y docentes se han puesto a hacer innovaciones educativa como si la teoría fuese palabra de Dios. Incluso se han desarrollado tests de inteligencias múltiples, lo que va en contra de todos los principios epistemológicos que defiende Gardner. El caso es curioso porque el autor original deja claro el origen de la teoría y la falta de datos empíricos. Sin embargo, son otros los que hacen caso omiso y se queda sólo con la parte que les interesa.

Las inteligencias múltiples no tienen base empírica, sin embargo, muchos investigadores y docentes se han puesto a hacer innovaciones educativa como si la teoría fuese palabra de Dios.

Llegados este momento tendríamos que diferenciar entre estudios cuyos resultados son erróneos pero donde los investigadores han realizado un trabajo impecable, de aquellos que se llevan a cabo por investigadores, que de forma consciente e intencionada, manipulan los datos, los procedimientos, o cualquier otra cosa que les convenga. Para saber más sobre los tipos de fraude científico, se recomienda dirigirse al sitio web de Angel Abril-Ruiz, quien ofrece un panorama general del fraude científico desde la implicación personal.

Pero la cuestión es el por qué se comete este fraude científico. Aunque existen múltiples razones (ver libro de Ángel Abril-Ruiz) aquí nos hacemos eco de la que puede ser la razón principal en la Universidad Pública española: la promoción como profesores/investigadores universitarios. Esto es así porque el sistema universitario (sobre todo el español) prima la cantidad de artículos publicados en revistas de impacto sobre casi cualquier otro mérito (es famoso el dicho “publicar o perecer“).

El sistema universitario fomenta el fraude al valorar sobre todo, el número de publicaciones en revistas de impacto, para que sus docentes promocionen.

En este sentido, aunque las revistas científicas afirman una cosa en sus páginas web, la realidad es que no es raro que apliquen otros criterios no escritos, donde la calidad de los estudios pasan a un segundo nivel. Así, para publicar en este tipo de revistas se suele necesitar un tamaño de muestra suficientemente grande, y un tema que sea interesante (o sea, que esté de moda). Estos dos criterios no siempre aparecen por escrito en las revistas, pero suelen pedirse en la realidad. El primer criterio se consigue fácilmente cuando sin miramientos, y a partir de una muestra de tamaño cualquiera, se copian y pegan los mismos datos cuantas veces sean necesarias (esto es cierto, no es ficción). El segundo es igual de fácil de cumplir, solamente hay que buscar algo novedosos (recientemente podría ser el “pin parental”). Un tercer factor también aparece de vez en cuando: añadir un análisis complicadísimo que “no entienda nadie”.

Una práctica fraudulenta es aumentar artificialmente el tamaño de una muestra copiando y pegando un mismo archivo cuantas veces sean necesarias.

Ante todo esto hay dos caminos: remediar esta situación o asumirla como normal. La segunda opción nos convierte a nosotros mismos en fraudes, en parte de un sistema basado en la mentira y la manipulación que rápidamente degenera en un estado de corrupción controlado por unos pocos lobbies. La primera opción es difícil e implica cierto riesgo personal. Es difícil porque supone actuar en dos sentidos. Por un lado, implica llevar a cabo un control del ejercicio científico a través de sistemas de vigilancia, que no obstante, no tienen porque ser invasivos. Así, los sistemas de investigación reproducible son una forma bastante eficiente de controlar el fraude por manipulación de los datos. Por otro lado, supone que la mayoría de investigadores realmente asuman los valores éticos de la Ciencia, los respeten, los persigan, los hagan valer y denuncien cualquier intento de fraude intencionado. Esta última parte es la que implica el riesgo, puesto que si no existe un compromiso real manifestado con hechos y no con palabras, la persona valedora de la integridad científica se puede convertir en objeto de persecución, acoso y marginación por parte de los lobbies de presión.

Los sistemas de investigación reproducible son una forma bastante eficiente de controlar el fraude en la manipulación de los datos.

Por desgracia, tal como comentábamos anteriormente y tal como planteábamos en el título de esta entrada, estamos asistiendo a un proteccionismo institucional del defraudador que nos hace temer que el sistema está eligiendo el peor de los caminos. ¿Cuáles serán las consecuencias? una degradación de la Ciencia, un desprestigio de las instituciones y sobre todo, lo peor de todo, que los ciudadanos empezarán a dar veracidad a falsedades, lo que redundará en un aumento de los problemas educativos, aumento de problemas en las relaciones sociales, aumento de problemas físicos, deficiente afrontamiento de los problemas mentales, degradación ambiental, etc., simplemente por mezclar el buenismo de la gente con la ignorancia más supina.

Las consecuencias de este proteccionismo y corporativismo alrededor del fraude son: degradación de la Ciencia, desprestigio de las instituciones y sobre todo, que los ciudadanos toman por cierto falsedades, lo que redunda en un aumento de los problemas educativos, sociales, médicos, mentales, ambientales, etc.,

Nos dejamos atrás muchos temas y cuestiones de interés, como el plagio, la explotación indecente de colaboradores, doctorandos y becarios, la aparición de las revistas predadoras y las revistas de pago por publicar (aconsejamos leer a Antonio Bolivar al respecto), etc. Tal vez para otro momentos.

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