Big Data: una posible revolución en educación (III)

Imagen bajo licencia CC: pixbay.com

Buscando la individualización perdida

Cuando tratamos de imaginar cómo era la educación hace dos mil años nos surgen imágenes de un maestro, rodeado de sus pupilos, en medio de un salón amplio o un patio de un edificio de estilo clásico. Todo muy mediatizado por las películas y las obras de pintores clásicos.

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Imagen de una secuencia de Ágora. Fuente: http://www.metakinema.es/metakineman7s3a1_Antonio_Aguilera_Hipatia_Agora.html

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El Liceo de Aristóteles. Fuente de la imagen: https://blogs.herdereditorial.com/filco/aristoteles-filosofo-conocer/

 

Lo que caracteriza estas reuniones es que el maestro tenía la posibilidad de interactuar con cada alumno. Supuestamente, esto le permitía centrarse en darle la atención que necesitaba cada uno de ellos para convertirse a su vez, en maestro.

Más recientemente en el tiempo, en la edad media y hasta la revolución industrial, la formación sólo estaba al alcance de las familias más pudientes. De esta forma, durante milenios fue posible llevar a cabo una formación centrada en el alumno, personalizada, individualizada donde destacaba la cercanía del pupilo con su maestro.

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Escena de El nombre de la rosa. Fuente: https://universoabierto.org/2016/09/05/el-nombre-de-la-rosa-el-libro-sobre-la-censura-del-libro-aventura-y-significado/

Todo esto cambio cuando se dieron dos sucesos históricos. Por un lado el descubrimiento de América, y por otro la revolución industrial. Ambos sucesos necesitaban de técnicos bien formados, así como suficiente personal con conocimientos en ingeniería, leyes, química, etc.  A todo esto habría que añadir, algunos siglos más tarde, la mejora de las condiciones económicas de una clase media que podía permitirse acceder a la formación universitaria. De esta forma, aparecieron sistemas de formación que progresivamente se convirtieron en escuelas y universidades de masas.

Desde ese momento se ha intentado recuperar esta individualización bajo el  siguiente supuesto:

Todos somos distintos, pero con el correcto apoyo individualizado, todos pueden alcanzar un mismo objetivo.

Esta idea, loable en su totalidad, se aleja tanto de la realidad que para algunos se nos antoja más una falacia que un objetivo factible. De hecho, todos los intentos que se han realizado desde los educadores, gestores educativos, e investigadores de la Educación durante todos estos siglos, no han pasado de ser simples cambios menores que no han logrado mas que pequeños cambios de impacto muy limitado: elimiar los pupitres de las aulas por mesas o sillas que permitan el debate, eliminar las tarimas para igualar los estatus de docente y alumnado, obligar al uso de un lenguaje supuestamente inclusivo, incluir en un mismo aula alumando de capacidades muy distintas, recurrir a estrategias como el aprendizaje por descubrimiento, la evaluación por pares, la clase invertida, el uso de tabletas, etc.

Algunas de las estrategias son desastrosas. Por ejemplo, cuando los curriculums se diseñan para el alumno “promedio” reniega del alumnado que destaca (tanto por exceso como por defecto). Aún es peor cuando el diseño del curriculum se hace utlizando como referente al alumnado que tiene peor rendimiento. En tal caso, se ovbia a más del 86% de la población escolar si utilizamos la capana de Gauss como aproximación. Otro tanto pasaría si se diseña para los más aventajados o capacitados. En este sentido, el diseño para la mayoría o a minoría siempre tiene consecuencias nefastas para parte de la sociedad.

La individualización de la enseñanza parece que podría resolver este problema. En este sentido, parece que la utilizacion de datos masivos podría permitir la individualización de la enseñanza y del aprendizaje sin renunciar a una formación destinada a toda la población.

Con el Big Data se podrían identificar cuestiones que hasta la fecha han sido innaccesibles. Estos descubrimientos, enfocados al seguimiento del individuo, permitiría lograr por fin, la individualización dentro de la diferencia.

No obstante, esto no parece que sea tan bonito cómo aparenta. De hecho, el Big Data lo que permite es multiplicar por n la capacidad de categorizar a la población estudiantes. Es decir, lo que se conseguiría es identificar pequeños grupos de estudiantes muy parecidos entre sí, para los cuales se podría diseñar un circuito curricular my específico.

 

 

 

 

 

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